Vituperio de Orbanejas

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Datos del libro

Papel
Clase de producto: Ensayos
Editorial: Herder Editorial
ISBN: 9789685807256
Publicación: 05/2016
Formato: Rústica con solapas
Idioma: Español
Número de páginas: 216
Tamaño: 14.10 x 21.60
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Palabras claves

Ahora digo -dijo Don Quijote- que no ha sido sabio el autor de mi historia, sino algún ignorante hablador, que a tiento y sin discurso se puso a escribirla, salga lo que saliere, como hacía Orbaneja, el pintor de Úbeda, al cual preguntándole qué pintaba, respondió: "lo que saliere". Tal vez pintaba un gallo, de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras góticas escribiese junto a él: "Este es gallo". Y así debe de ser mi historia, que tendrá necesidad de comento para entenderla.   Don Quijote de la Mancha, parte II, capítulo 3 El orbanejismo es un fenómeno cultural muy extendido y en muchas ocasiones se confunde con lo artístico. Lo que diferencia ambas realidades es que, a diferencia del arte, aquel es un fenómeno cultural que renuncia a las propiedades estéticas, cuyo análisis muestra que la intencionalidad del creador es dudosa, y la observación de sus productos se queda prendida en un tema desnudo de forma. Todos estos defectos de factura acaban convirtiéndose, supuestamente, en virtud de los orbanejas. El Vituperio pretende descubrir los mecanismos internos de estos contemporáneos vendedores de humo. El caso de Orbaneja relatado por Cervantes es muy actual. Don Quijote compara al pintor de Úbeda con un ignorante sin discurso, sin logos. Gran parte de lo que conforma el canon del arte contemporáneo es factura de nuevos orbanejas, carentes y privados de razonamiento, cuyo "arte" sólo encuentra algún sentido si es avalado por críticos sesudos que dan lugar al necesario "comento" del que hablaba Don Quijote, un comentario interpretativo que es constitutivo de la supuesta "obra" y que suele venir avalado por una élite vanguardista, supuestamente informada y, en muchas ocasiones, alternativa y transgresora que, a su vez, suscita el rechazo mayoritario del público que no pertenece al grupúsculo. Los hechizos de los orbanejas atemorizan y dominan al espectador, al presentarse como un simulacro del yo superior e impenetrable del "artista". El espectador sólo puede reconocer su inferioridad y su ignorancia, lo cual es, en parte cierto, porque los orbanejas se mueven en un territorio no carente de reglas, sino al que ellos mismo imponen sus reglas, sin posibilidad de discursión intersubjetiva de las mismas. Es una dictadura como cualqueir otra. Pero hay un territorio en el que los orbanejas no pueden ser superiores, y por eso abominan de él: el ámbito de la belleza.

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